jueves, 4 de diciembre de 2008

A nuestros locutores.

Hoy quiero destacar la labor de una actividad que merece el
reconocimiento social. La del locutor. Es la portada e impresión
primera que tiene el receptor del mensaje cuando sintoniza un medio de
difusión masiva sea radial o televisiva.
Acá en Guamá, donde la cultura de la escucha ha ido ganando de manera
extraordinaria, no escapamos de la crítica oportuna de quienes
advierten las tantas veces que un locutor se equivoca, lee una nota de
facilitación social con ciertas inseguridades. No saben ustedes
cuanto sufre un locutor que su empeño no salga como él se lo propone.
Acà, nuestro José enrique Uranga, aún y con sus serias limitaciones
visuales, se sobrepone a esas barreras y trata de dar lo mejor de sì.
Con José enrique he establecido diálogos donde le expongo, gracias al
recursos de la retroalimentación, los criterios que surgen en pos de
hacer perfectible nuestra obra.
El locutor nunca escapa a la evaluación constante de quienes consumen
su obra. Es difícil que nunca un locutor omita una S, es difícil que
un locutor, en un momento determinado sea sorprendido en organizar una
idea espontanea en una programación en vivo.
Hasta los locutores más experimentados son objetos de la evaluación. Y
lo digo con la seguridad de asistir a una especialidad en periodismo
que recibo en la Universidad de Oriente y, hay que escuchar cuando se
hace una análisis estético del discurso periodístico, cómo muchos de
nuestros buenos colegas de la televisión son objeto de la critica ante
vicios gestuales, muletillas inapropiadas, la improvisación banal y
no respeto a los guiones.
En fin, que, a los locutores les respeto mucho porque, sentarse
frente a un micrófono presupone una enorme cuota de entrega y
sacrificio personal.
Quiero , antes de concluir, mencionar nombres locales que han hecho
su historia. Nuestro Onelio Sanches Mendez, nuestra Dsailin Salazar,
Aneidis Arguelles, quienes marcaron etapa en la planta. Ahora la
locución se renoba con voces nuevas y frescas. A los nuevos, que se
preparen para empresas grandes, pues, la locución es de bravos, de los
que saben que cada día están en la picota publica. Como le dije en una
ocasión a una compañera que criticaba a un locutor porque se equivocó
en una construcción sintáctica. El riesgo de un locutor es equivocarse
cada vez que habla, el tuyo es simplemente esperar que se equivoque y
hablar de èl.
Admiro más a quienes hacen el pan, que quienes solamente lo prueban,
le dije a quien en ese momento no hacia la critica de manera
constructiva a nuestros locutores.
A ellos la felicitación.


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