jueves, 28 de agosto de 2008

La curiosidad pudo haber matado al gato.

Ayer cuando asistía a presenciar la curiosidad que nos deparó la
naturaleza de un visitante no invitado a nuestras costas, un ejemplar
marino frente a la costa del reparto el Marañón, el cual suscitó la
concurrencia de cientos de personas a la vez, saque la conclusión que
a veces la imprudencia no somos capaces de verla cuando estamos frente
a ella.
Más que ver el pichón de cachalotes. Como de reconocieron muchos, lo
que me llamó la atención cómo en el acto de contemplación de aquel
animal, muchos se acercaban al mismo y hasta lo tocaban.
Aunque el pichón de Cachalote estaba moribundo, dado a que tenía
golpeada la parte frontal de su cabeza, éste podía reaccionar
agresivamente y provocar un accidente a quienes se acercaban al mismo.
Otra de las imprudencias fue, cómo hubo personas que sugirieron que
este animal se podía consumir, sin apenas pudiera mediar un análisis
clínico de las causas por la cual el mismo había llegado casi
moribundo a la costa.
Niños, personas adultas se encimaban al animal subidos en las raíces
de los mangles cerca de el mamífero y no veían el riesgo de caer
frente a la boca del mismo y ser mordido.
Este espectáculo en desafió a animales desconocidos los hemos visto en
otras ocasiones y merecen el comentario. Incluso, hubo alguien que
dijo: la gente no sabe a los riesgos que se exponen. Conozco de caso
de delfines y Ballenas que han sido utilizados por fuerzas miliares
enemigas que le introducen en su interior explosivos de gran potencia
que detonan cuando a través de una cámara quien lo dirige es capaz de
ver que existe la cantidad de personas permisibles para ejecutar el
acto de terrorismo.
La simple vista de un animal dentro del agua, a veces por ingenuidad
se puede caer en el peor caso de morder el anzuelo para que se cometa
un hecho de terrorismo. No obstante, hubo allí asistencia tanto por
las autoridades de la PNR, guarda fronteras como del grupo de Guardias
forestales que también vela por las recursos faunas y flora que
existen en nuestro territorio.
Estos casos nunca lo hemos tenido en territorio nacional pero,
desconocer que en otros sí se hace, puede que pequemos de ignorante y
seamos victima de hechos de esta naturaleza.
Ayer, a este ejemplar marino que vino a recalar a nuestras costas, una
vez que murió por su propia cuenta, se le arrastró fuera del agua para
incinerarlo y así evitar contagio de posibles enfermedades.
El comentario lo hago exprofeso porque ya en otras zonas de este
municipio Guamá se han dado caso de animales que han recalado en la
costa y personas inescrupulosas lo han consumido si haber mediado un
examen clínico del mismo. Es uno de los actos de irresponsabilidad
mayúsculo que puede acarrear serias amenazas y dificultades.
Espero se reflexione al respecto. Y no se vuelvan a producir
incidentes como el descrito anteriormente. Incluso, hasta curiosos que
cuando el mar se pone furioso por naturaleza, muchos acuden a
presenciar el espectáculo aún a riesgo de que el huracán después de la
relativa calma, los sorprenda en esa contemplación irresponsable.
Recuerdo cuando el Dennis, no pocas personas fueron a acudir a la
playa de el parque a explorar la posible aparición de objetos extraño
a orilla de esta sin evaluar las posibles consecuencias negativas a
ocurrir. Conozco de personas aquí en Guamá que, recogieron a orillas
de la playa, después de un ciclón, recogieron un objeto extraño. Un
simple lapicero y hoy, ante la curiosidad de accionarle un
dispositivo, hoy no tienen sus manos ante la explosión de aquel
artefacto.
Espero se reflexione y se saquen conclusiones.
Comentó para ustedes Benigno Rodríguez Torres.


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